¿Proteger al maltratador de la propia víctima disminuiría el número de asesinatos?

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5 Febrero, 2017
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¿Proteger al maltratador de la propia víctima disminuiría el número de asesinatos?

Partiendo de que SIEMPRE condenamos la actuación de cualquiera que maltrate a una mujer y de que, en muchas ocasiones, no hay medida ni condena que permita disuadir al maltratador de llevar a cabo su crimen, es hora de plantearse observar el problema desde otro prisma, dejando a un lado falsas hipocresías o planteamientos políticamente.

Los miembros de Seguridad del Estado tienen un protocolo muy estricto para proteger a la mujer. cuando se denuncia una situación de maltrato a una mujer en el ámbito familiar: detener de forma inmediata al denunciado y dejarlo en los calabozos hasta el momento de pasarlo al juzgado de guardia, al día o a los dos días siguientes. Salvo casos excepcionales, el juez toma nueva declaración a la víctima y, salvo que aprecie grandísimas contradicciones respecto a la declaración en la denuncia, impondrá una orden de alejamiento al denunciado que durará, como mínimo, hasta el momento del juicio.

Y para condenar al denunciado por maltrato psicológico es suficiente que la mujer sostenga el día del juicio la misma versión de los hechos de forma congruente y persistente, sin necesidad de ninguna prueba más. En caso de que existan lesiones, se requerirá el informe del médico forense, pero será suficiente que diga que “las lesiones son compatibles con un posible maltrato”, y será también condenado por un delito de lesiones. Si la mujer se retracta y en el juicio, o después, manifiesta que puso una denuncia falsa será ella la enjuiciada por falso testimonio y puede acabar en prisión, motivo por el cual no lo hace (a lo sumo, en el juicio se acogerá a su derecho de no declarar, por lo que sí existen posibilidades de que él salga absuelto).

En el caso de violencia en el ámbito familiar se invierte el derecho a la presunción de inocencia y el principio in dubio pro reo, y el denunciado es culpable mientras no consiga demostrar su inocencia.

De nada le servirá que existan dudas respecto a que la mujer haya podido inventarse una historia “coherente” e incluso haberse autolesionado. En estos casos, la declaración del hombre no sirve absolutamente de nada porque la de la mujer no se pone en duda si es “coherente” con las declaraciones practicadas por ella cuando denunció y cuando declaró en fase de instrucción y genera verosimilitud (con independencia de que el denunciado pueda ofrecer otra versión igualmente posible), porque los maltratos generalmente se producen en la intimidad del ámbito familiar, y la mujer no suele tener forma de demostrarlos, salvo su propio testimonio, motivo por el cual hay que darle un plus de credibilidad.

Pero esto se vuelve perverso en los casos en los que una mujer despechada quiere ver a su pareja condenado, porque lo tiene tan fácil como denunciar que su pareja le ha dicho “puta”, “zorra”, “eres una mierda” o “eres una inútil que no vales para nada” en un momento en el que ambos estaban solos en la casa o mostrando el día y hora en el que tiene una llamada entrante o saliente con él. Y si quiere que lo condenen con más gravedad y que ingrese en prisión, es suficiente con declarar “coherentemente” que a menudo le pega bofetadas, la insulta y la veja, y acudir con una erosión en el cuello, en la cara, en un brazo o en una pierna. Incluso me han comentado algunas que existe un ungüento que si lo aplican sobre un ojo por la noche, a la mañana siguiente tienen el ojo totalmente amoratado como si le hubieran dado un puñetazo.

Hace poco que oí en televisión que menos del 0,1% de las denuncias son falsas. No es cierto. Este porcentaje sólo corresponde con los casos en los que se condena a una mujer porque se demuestra que ha mentido, es decir, que aquellos casos en los que denuncia que los hechos se han producido un día y una hora en los que el hombre consigue demostrar que es imposible porque ese día, por ejemplo, estaba en el extranjero y lo puede demostrar con los sellos de entrada y salida de su pasaporte. Pero si él estaba en el mismo domicilio que ella el día y hora que supuestamente se han producido los hechos, con tal que haya la más mínima duda de que ella pueda estar diciendo la verdad, por mucho que se contradiga en sus declaraciones, juez dictará sentencia o bien condenatoria o bien absolutoria pero declarando como que “no ha podido acreditarse suficientemente la realidad de los hechos denunciados”, lo que es totalmente insuficiente para instar un procedimiento por denuncia falsa, y menos aún para condenarla por ello, pues en este caso si prima el “derecho a la presunción de inocencia”.

Luego vienen los delitos por quebrantamiento de la orden de alejamiento y comunicación con la víctima, impuestas generalmente por un periodo mínimo de dos años; siendo bastante frecuente que ambos quieran retornar su relación sentimental. En muchas ocasiones el hombre incumple la orden, contactando con ella, pensando que no le va a pasar nada porque lo que está haciendo es intentar arreglar la situación.

Pero en otras muchas, es ella la que contacta con él, bien para seguir recriminándole la conducta denunciada o bien para intentar seguir manteniendo la relación sentimental, llegando incluso a solicitar al juzgado que levante la medida de protección, lo que no se produce en el 99,99% de los casos, por oposición del ministerio fiscal. En estos casos, como se detecte que ambos han mantenido conversaciones o han roto la prohibición de acercamiento, él y solo él será condenado por un delito de quebrantamiento, dando igual que ella reconozca que ha sido la que ha provocado tal situación porque la orden de alejamiento es unidireccional, es decir, a ella no se le impide que se acerque o se comunique con él; mientras que será él condenado nuevamente y acabe en prisión con tal que conteste al whatsapp o se vea con ella.

He hablado con muchos jueces con competencia en materia de violencia sobre la mujer en privado sobre el tema. Me reconocen que serían partidarios en estos casos de condenar a los dos. A él por quebrantamiento de condena y a ella, a la misma pena, por indicio a la comisión del delito, pero me dicen que no pueden hacer nada contra ella porque el fiscal no las acusa, siguiendo instrucciones internas del Fiscal General. Si duda alguna, ello es por evitar la polémica pública que generaría una condena a una mujer maltratada. He ahí uno de los puntos que proponemos revisar seriamente.

 

Los abogados de este despacho hemos participado en más de cien procedimientos de maltrato familiar, en unas ocasiones defendiendo a la víctima y, en otras, al acusado; pero no hemos participado en ninguno en los que la maltratadora sea ella y la víctima él

¿Es que no hay ninguna mujer que maltrate psicológicamente a un hombre? Seguro que ustedes conocen casos en los que a alguno de sus amigos su mujer o su novia le está haciendo la vida imposible.

¿Me puede alguien pasar una sentencia en los que se haya dictado una orden de alejamiento contra su mujer?  Yo,he de reconocer que poquísimos, pero alguno; pero suele ser porque ella misma lo ha reconocido delante del juez.

¿Y alguna en la que ella haya sido condenada por quebrantamiento de dicha orden y haya acabado en prisión? De hombres yo les puedo proporcionar centenares, pero de mujer ninguno, y no porque no conozca que la han quebrado sino porque los novios o maridos acosados no han querido denunciarlo, para no verla entre rejas, sobretodo si hay hijos por medio.

Voy a comentarles un caso. Uno más de otros muchos.

Hace unos meses me correspondió por el turno de guardia, defender a Javier (le doy un nombre ficticio por preservar su intimidad), que había sido acusado de un delito de quebrantamiento de condena -como otros muchos casos que había llevado antes-, pues tenía una orden de alejamiento de su mujer desde hacía 6 meses.

Él me resultó una persona muy tranquila, quizás demasiado tranquila (de los que algunas personas lo tildarían de “poco hombre” o “débil”). Desde luego, con mi amplia experiencia, nunca lo tildaría de “agresivo” o “peligroso”, pero ahora tengo miedo de que, en cualquier momento, acabe asesinando primero y suicidándose a continuación.

Mientras preparaba el juicio le pregunté si desconocía que, con la orden de alejamiento, ni siquiera podía contestar al Whatsapp y me dijo que precisamente si no le contestaba era cuando se irritaba más, le faltaba al respeto y le insultaba; y que, si eso no le funcionaba, entonces ella se ponía suave y cariñosa y buscaba cualquier excusa para que él acudiera a la casa por un problema, y que en muchas ocasiones habían acabado haciendo el amor y diciéndole que quería que volviera a casa porque no podía estar sin él. Pero que el problema y las nuevas discusiones precisamente vienen cuando él no hace lo que ella quiere porque ella quiere más, y entonces empieza a mandarle whatsapp insultándole y diciéndole de todo, buscándole la lengua hasta que lo consigue. Le advertí que no entrara al trapo y que si hacía falta la bloqueara del whatsapp, de las redes sociales y del teléfono; y que le dijese a su madre que la llamara para decirle que lo que necesitara de él, se lo dijera a través de ella.

La tarde que se había celebrado el juicio me llamó. Me dijo que llevaba 166 mensajes de whatsapp insultándolo y diciéndole que no iba a parar hasta conseguir arruinarle la vida, entre ellos incluso un mensaje de voz ¿quieren escucharlo para ver que lo que digo es cierto? Les advierto que puede herir su sensibilidad, pero pueden oirlo en https://youtu.be/LkMyigWTyG0.

Me dijo que la había bloqueado del whatsapp y había comenzado con el Facebook. Le dije que acudiera a la Guardia Civil y que pusiera una denuncia pidiendo una orden de alejamiento contra ella.

Al rato me llamó diciendo que la Guardia Civil no le había querido coger la denuncia, diciéndole que la pusiera en el juzgado de guardia. Le dije que no se preocupara y que yo ir a ponerla al juzgado de guardia.

Eso hice. Al poner los hechos en conocimiento de la juez (casualmente, el que estaba de guardia era precisamente el que hace las funciones de Juzgado de Violencia sobre la Mujer) y pedirle que dictara urgente la orden de alejamiento para mi sorpresa, ésta me dijo que presentara la denuncia ante la Guardia Civil y, tras contarle la negativa de los agentes, me dijo que la presentara por escrito en el Registro Común de los juzgados y que se repartiera por turno al que correspondiera. Lo hice y también me fui a la Guardia Civil. Hablé con los agentes que estaban de servicio y les puse a escuchar el audio al que he hecho referencia. Se disculparon y me dijeron que le dijera que fuera de nuevo a poner la denuncia.

No lo hizo. Ya no cree en la justicia. Al cabo de las tres o cuatro semanas me llamó desconsolada su madre, diciendo que su hijo había perdido el trabajo y que había recibido la sentencia condenándole a entrar en prisión y que, no satisfecha su ex-mujer, seguía acosándolo e incluso le había rajado las 4 ruedas del coche en presencia de sus hijos. Él ya pasa. No quiere siquiera recurrir la sentencia, ni poner ninguna denuncia. Y esto me pone los pelos de punta.

Y, precisamente porque hemos escuchado a muchos hombres acusados de maltrato en situaciones parecidas, podemos plantear este debate de forma seria y con rigor, con absoluto conocimiento de causa y sin necesidad de ser políticamente correctos, para ofrecer una solución real para evitar, aunque solo sea en un pequeño porcentaje de casos, el asesinado de alguna mujer; y, para conseguir,  en muchas ocasiones, que el maltrato infringido sea menor. Sí, estamos hablando de proteger a las víctimas de ellas mismas.

No vamos a hablar de aquellos casos en los que la agresión física o psicológica se produce por celos o por sentimiento de propiedad del hombre hacia su pareja. Tampoco de los casos en los que él es un sádico o un psicópata. Porque para estos casos se ha de actuar rápido y con todas las medidas que el Estado tiene a su alcance para proteger a la mujer y castigar la conducta del hombre.

Estamos hablando de aquellos casos en los que es la mujer la que siente que su pareja es de su propiedad y adopta una actitud obsesiva, celosa, beligerante y/o provocadora, y tiene sentimientos contradictorios de amor-odio hacia el hombre, y no deja que el hombre se mantenga alejado de ella. Hemos visto muchos casos en los que ante una relación conyugal de continuas discusiones, el hombre decide poner espacio por medio o incluso se ve aliviado cuando ella lo echa literalmente del hogar familia; pero una vez que esto se produce, es ella la que sigue contactando con él de malas maneras, inculpándole la crisis, exacerbándose por la ansiedad que le genera pensar que él está cómodo con la nueva situación, e incluso que está con otra mujer más joven o más guapa que ella por la que la ha dejado.

La legislación actual tiene una discriminación positiva hacia la mujer. Dispone un tipo agravado de delito para los casos en los que el maltratador es el hombre,  mientras que la condena es mínima cuando la maltratadora es ella. Además, cuando hay quebrantamiento de la orden de alejamiento y de comunicación, no se condena en ningún caso a la mujer y sí siempre al hombre, aunque haya sido ella la que haya provocado la situación.

Por ello estamos convencidos de que, igualando las condenas para ambos en caso de quebrantamiento de la orden de protección, la propia mujer dejaría de ponerse en contacto con el maltratador, evitando situaciones que podrían degenerar en nuevos malos tratos, si él no hace nada por contactar con ella, y dejando que el tiempo actúe.

Y estamos igualmente convencidos de que, igualando la intervención policial y judicial en los casos en los que es el hombre el que denuncia el maltrato físico o psicológico, sobre todo en cuanto a la imposición a ella de una orden de alejamiento y de comunicación, también se evitaría que el hombre tuviera, “manu militari” que llegar al gravísimo error de tomarse la justicia por su mano.

 

 

 

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